No hay oportunidad.


Que basura hay en sus cabezas, les confieso mi odio hacia las mentiras y no me creen.

Vista al frente.

Disparar sin ejército hace libres. 

Pelear sin gloria maquina convicción. 

Descansar mirando al cielo nos vuelve eternos.

Pena capital.


Sentado en la mitad del living observa perdidamente el vaso que dejó sobre la mesa. Llegó el momento de sentir. La adrenalina brota por todos lados transformándose en sudor, sus manos ancianas tiemblan más que de costumbre y en un pestañear de su consciencia ya está parado justo en donde se puede sentir el latir del miedo abrazado a la verdad. A paso firme corre al baño, su viejo cuerpo está listo para partir. La cabeza sólo le recuerda que el pasaje siempre ha estado guardado en el botiquín. Frente a frente se mira con lo que días más tarde será su recuerdo, abre el dispensario, de él saca su vieja máquina de afeitar, en su mano está el paso a la eternidad o al fracaso continuo en la mente de los que permanecen. Sin más pausas ultima sus lamentos, quema el sentir y comete el único asesinato al cual tiene derecho en la vida. 


Nos hacemos viejos.


Mientras menos vida queda, más razones tenemos por vivir.

Tortura.


La conciencia arde, mas nunca se quema. 

Amor para valientes.


Ya no habían más palabras, mi rostro estaba desfigurado ante implacable decisión. Veía con horror como una parte de mi vida me decía, hasta acá llego y continuo mi rumbo lo más lejos que se pueda del tuyo. Me desmoroné, creo que en ese momento nada me importó menos que el orgullo retrógrado de ser un tipo masculino. Lloraba como nunca y tu te veías tan tranquila, tan guapa con tu vestido negro, perfecto para el funeral al cual fue invitado. No pude hacer nada más que abrazarte, besarte en la mejilla, se acabó todo,  nos despedimos como conocidos de labios secos. Agarré mis cosas y dejé atrás la cama en la que estabas sentada con la cabeza abajo, mirando al suelo. En un abrir y cerrar de ojos la puerta del departamento estaba cerrada y yo ya no era nada. La calle aun estaba llena de vida, niños, familias, ebrios, perros, todos presentes para el gran desfile en el que yo iría llorando como un niño de paso lento.
Esa noche caminé, no temía ser asaltado, no había comido ni pensaba hacerlo, veía como delante de mis ojos en sangre se movían figuras, a ratos sus miradas se me clavaban al rostro, enjuiciando el deplorable estado que llevaba, ya nada me importaba, esta era mi humanidad, era yo, tal cual, destruido y a la vez valiente.

Pausa.


Veo que no dejan de caer las hojas y el viento no tiene pensado interrumpir el susurrar de la tarde. Tus labios se mueven como si su misión fuera enardecer mi corazón, la situación se pone tensa, ya no hay forma de aguantar. Es un beso, que nace de un pálpito rebelde y cabalga sin acobardarse hacia nuestro punto de encuentro. Nuestro tiempo se detiene.  

Late fuerte.


El corazón es una alarma, nos avisa con ímpetu cuando realmente estamos vivos.

Admiro. 


Nunca silente aunque el pañuelo cubra tus rojos labios, ni hoy ni mañana serán días para que la avaricia de otros acalle tu importante mensaje. 

Me mata.


Mi problema es que no soy parte de tu solución.

Pobre.


La realidad de uno es la esperanza de otro.

Realidad.


 Hola, un gusto en conocerte.

 El gusto es mío doctor, vengo para que me salves.

 Salvar, ¿de qué?

 De mi y insistencia a joderlo todo, ¿esta consulta es gratis?

 ¿Cómo gratis? ¿tu crees que vivo del descontento de la gente?

Claro que no, tienes toda la razón. ¿Cómo podrías vivir de lo que actualmente me está matando?  

Lazo.

Todos los días camino con precaución, no quiero mirar lejos o moverme bruscamente, eso podría cortar el hilo invisible que me une a ti. Asumo que por lo fino que es no lo has notado, pero ahí está. 
Lo desataría, pero temo que eso podría caducar mi corazón, aunque está lleno de angustia me hace sentir vivo. Espero que cuando decidas estirar un poco tu mano al cielo, todo se encuentre anclado.