Los recuerdo bien.


Recorrer las calles me hace pensar sin parar en tus grandes ojos, raro, siempre te comenté que me encantaban tus labios, pero al primer reencuentro con el recuerdo me topo con tu mirada. Si lo piensas bien, es justo que así sea. Cada vez que nos juntamos me contagiaste la alegría de nuestro encuentro y me hiciste sentir amado, todo con un simple cruce de tu tierno mirar.

No estoy buscando.



Nunca he tenido la más mínima idea de cuál de todos es el camino correcto, yo sólo camino. 

Amigo.


No hay otra forma, llegó el momento en que lo enfrente. Paso a paso, me acerqué con sigilo, no sé por qué, él sabría que vengo y por supuesto siempre se encuentra en el mismo lugar. En nuestros viejos encuentros no lo he pasado bien, pero hoy sentía que todo era diferente, quizá nuestra mala relación se debe a mi falta de interés en él, o tal vez el exceso, nunca lo tuve claro, aunque esto me haya hecho recapacitar. 
Centímetro a centímetro iba apareciendo frente a mi en el sitio de costumbre. Al ver su rostro me percaté que hoy algo era diferente, como si por fin estuviésemos de acuerdo en algo, ambos sonreíamos. Me perdono, no hay nada como mirar el reflejo alegre de tus ojos, no por lo que ves, sino que por lo que sientes al saber que por fin es tiempo de aceptarte tal cual eres. 

Lo haces fácil. 


Ese día teníamos un plan maravilloso, pasearíamos por las calles del barrio Lastarria, para luego terminar comiendo en un restaurante que yo debía elegir antes. Dada mi incapacidad organizativa no tenía nada listo, sólo tenía clara una cosa, quería besarla. Todo salió de maravilla, ella me ayudó eligiendo dónde ir, caminar e incluso despedirnos, yo sólo tuve que elegir besarla.

No saben nada.


¡Amigo!, un clavo entra a golpes y ella se depositó suave y tiernamente en mi cabeza hasta llegar al corazón. No insistas, ningún clavo es necesario para quitar otro cuando la madera está roída.

Dilo.


No le temo a las emociones, amor, pena, rabia, odio, alegría, lo que realmente me aterra, es el silencio.

Tan valioso.


Sin tormento nunca distinguiríamos la paz.

Ayuda de dios.


Pedía muerte, pero le dieron sabiduría.

Don Nada.


La soledad es un cáncer al corazón.


Sabio encuentro.


Ese día entré rápido, con toda displicencia, haciendo caso omiso de las maravillosas bondades que me entrega el cariño de mi abuela. Lo importante era posarme sobre la comodidad de mi espacio. Iba a paso firme por el jardín, cuando dos ojos arcillosos se me clavaron en el cerebro. Una paloma grande y gorda, posaba inmóvil sobre un tronco al final del patio. Siempre me han sido difíciles, por llamarlo menos, ese tipo de encuentros, ya que toda mi vida les he tenido repulsión a las aves. Como si fuera normal, intenté ahuyentarla, nunca nadie me había mirado así y menos un pájaro, el animal no se movió. Decidí hacerle frente a la situación, me acerqué haciendo ruidos y movimientos frenéticos, el ave por fin decidió avanzar, pero lo hacía con una calma y tristeza justiciera, algo tenía. Me detuve y la paloma se posó bajo una planta mirándome, no entendía qué es lo que pasa, la naturaleza es sabia, los humanos somos tontos. Decidí alejarme y dejarla en paz, horas después volví y yacía muerta en el mismo sitio. Ese animal me eligió como compañía en sus última horas y no estuve a la altura. Nunca voy a olvidar aquel día en que un ave me enseñó a volar en silencio a través de la soledad.

Insomnio.


Me encanta caminar por las calles a las 5 de la mañana, siento que estoy más vivo que quienes duermen. 

Sólo tú.


No lo había sentido, lo confundí, incluso lo regalé y lo usé cuando nunca debí hacerlo. Hoy, gracias a ti lo distinguí, cada gota, cada temblor y recuerdo que se generan desde mi interior, intentan asesinarme y restregarme en la cara, que ya es muy tarde para decir te amo.


Partes por el fin.


Lo que antes no sabías cómo empezar hoy terminó, esa sensación asquerosa, que duele, te hace ver que el camino al que le das la espalda, ahora cuenta una historia. Tirar a la basura los recuerdos no ayuda mucho, los tatuajes en la memoria perduran. Fuiste tú. La espantaste con tus demonios, parte importante de lo que finge ser tu reflejo vivo, hoy mató el verdadero renacer de tus amadas rutinas. Despertar por las mañanas con los -Uff!! qué fea estoy. Mentira, estás más linda que ayer - se acabaron. Esa felicidad de que alguien fuera de ti mismo, está esperando para que la sorprendas, no te acompaña más y se intenta llevar la sangre que recorre tus manos. Sólo queda pedir a gritos ese milagro intangible, que te hará soportar lo que viene y olvidar lo que pasó.