Amigo.


No hay otra forma, llegó el momento en que lo enfrente. Paso a paso, me acerqué con sigilo, no sé por qué, él sabría que vengo y por supuesto siempre se encuentra en el mismo lugar. En nuestros viejos encuentros no lo he pasado bien, pero hoy sentía que todo era diferente, quizá nuestra mala relación se debe a mi falta de interés en él, o tal vez el exceso, nunca lo tuve claro, aunque esto me haya hecho recapacitar. 
Centímetro a centímetro iba apareciendo frente a mi en el sitio de costumbre. Al ver su rostro me percaté que hoy algo era diferente, como si por fin estuviésemos de acuerdo en algo, ambos sonreíamos. Me perdono, no hay nada como mirar el reflejo alegre de tus ojos, no por lo que ves, sino que por lo que sientes al saber que por fin es tiempo de aceptarte tal cual eres.